Las escuelas estadounidenses Están Fallando a Sus Estudiantes Más Vulnerables

· 20.03.2026

Brecha 90/10

La educación pública en Estados Unidos enfrenta una crisis silenciosa pero devastadora: mientras los estudiantes de alto rendimiento continúan avanzando, aquellos con dificultades académicas se están quedando cada vez más atrás. Esta creciente desigualdad, documentada en un estudio reciente del Instituto Annenberg de la Universidad Brown, revela que el sistema educativo estadounidense está fracasando en su misión fundamental de servir como el gran igualador social que prometió ser.

Una Divergencia Alarmante en el Aprendizaje

Divergencia del aprendizaje
Un estudio muestra que los estudiantes con dificultades se están quedando atrás desde 2005. The74

La investigación, liderada por el economista Patrick Wolf de la Universidad de Arkansas, examinó casi dos décadas de datos de evaluaciones estandarizadas, desde 2005 hasta 2024. Los hallazgos son contundentes: en la gran mayoría de las escuelas estadounidenses, la brecha académica entre los estudiantes de mayor y menor rendimiento se ha ampliado significativamente.

El estudio se centra en lo que Wolf denomina la «brecha 90/10»: la diferencia en las puntuaciones entre estudiantes que se ubican en el percentil 90 (aquellos que superan al 89% de sus compañeros a nivel nacional) y aquellos en el percentil 10 (superados por el 90% de los demás evaluados). Los datos provienen de seis millones de estudiantes que tomaron la Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP, por sus siglas en inglés), conocida como el «Boletín de Calificaciones de la Nación».

Los números son devastadores. En las escuelas públicas tradicionales, que atienden a la inmensa mayoría de estudiantes estadounidenses, la brecha entre estudiantes avanzados y aquellos con dificultades creció el equivalente a 1.3 años de aprendizaje para los alumnos de cuarto grado entre 2005 y 2024. Para los estudiantes de octavo grado, el crecimiento fue de medio año de aprendizaje en ambas materias evaluadas: matemáticas y lectura.

El Motor de la Desigualdad: El Estancamiento de los Más Vulnerables

Lo más preocupante del fenómeno es su causa principal. La expansión de la brecha no se debe principalmente a que los estudiantes de alto rendimiento estén avanzando a un ritmo extraordinario, sino a que los estudiantes con dificultades están estancados o, peor aún, retrocediendo.

En las escuelas públicas tradicionales, los datos muestran un patrón consistente y perturbador:

  • En cuarto grado, las puntuaciones de matemáticas de los estudiantes en el percentil 90 aumentaron aproximadamente cuatro puntos por década entre 2005 y 2024
  • En el mismo período, las puntuaciones de los estudiantes en el percentil 10 cayeron aproximadamente tres puntos
  • El resultado neto: una brecha que se amplió en siete puntos por década

En lectura, el panorama es igualmente sombrío. Los estudiantes de alto rendimiento ganaron tres puntos por década, mientras que los de bajo rendimiento perdieron cinco puntos, resultando en una divergencia de ocho puntos.

«Esperamos y confiamos en que nuestras escuelas públicas sean grandes igualadoras y reduzcan las brechas entre los estudiantes de alto y bajo rendimiento, o entre ricos y pobres», explicó Wolf. «Pero en los últimos 20 años, no vemos eso en los datos, y la brecha ha crecido significativamente».

Una Crisis Anterior a la Pandemia

Aunque la pandemia de COVID-19 aceleró dramáticamente estas tendencias, el estudio revela algo aún más inquietante: la brecha ya estaba creciendo antes de 2020. Entre 2005 y 2019, mucho antes de que los cierres escolares y el aprendizaje remoto se convirtieran en realidad, los estudiantes en el percentil 10 ya mostraban falta de progreso e incluso pérdidas de aprendizaje en algunas áreas.

Este hallazgo desmiente la noción de que la desigualdad educativa actual es simplemente un efecto secundario de la pandemia. En cambio, COVID-19 funcionó como un acelerador de tendencias preexistentes, exacerbando problemas estructurales que el sistema educativo había estado ignorando durante años.

Peggy Carr, ex comisionada del Centro Nacional de Estadísticas Educativas hasta su despido en febrero de 2024 por la administración Trump, había estado advirtiendo sobre estas tendencias durante años. En una entrevista, expresó su frustración: «No estábamos siendo escuchados con la claridad que queríamos. Estábamos tratando de dejar muy claro que se necesita mirar toda la distribución durante años, pero no era el foco de los formuladores de políticas».

Carr señala que el discurso político sobre educación se ha centrado excesivamente en los puntajes promedio, que tienden a ocultar variaciones más amplias entre estudiantes muy por encima o por debajo de ese punto central. Esta fijación con el promedio ha permitido que la crisis de los estudiantes de bajo rendimiento pase desapercibida.

Escuelas Católicas: Un Problema Paralelo

Las escuelas católicas, que inscriben aproximadamente al 3.5% de los estudiantes K-12 en Estados Unidos, muestran un patrón similar aunque de menor magnitud. Durante el período estudiado, la brecha 90/10 creció aproximadamente cinco puntos por década en matemáticas de cuarto grado, seis puntos en matemáticas de octavo grado, y cuatro puntos en lectura para ambos niveles.

Aunque las cifras son menores que en las escuelas públicas tradicionales, la tendencia es igualmente preocupante: incluso en un sector educativo a menudo considerado más selectivo y con mayor cohesión comunitaria, los estudiantes con dificultades están siendo dejados atrás.

Excepciones que Confirman la Regla

No todo el panorama es uniformemente sombrío. Dos sectores educativos mostraron resultados notablemente diferentes: las escuelas charter (autónomas) y las escuelas operadas por el Departamento de Defensa (DoD).

En las escuelas charter, la brecha 90/10 creció menos de un punto entre 2005 y 2019 para estudiantes de cuarto grado. Para los de octavo grado, la brecha en realidad se redujo durante ese período porque los estudiantes en el percentil 10 mejoraron más rápido que aquellos en el percentil 90. Esta reducción también se observó en las puntuaciones de matemáticas de cuarto grado en las escuelas del DoD, donde estudiantes de todo el espectro lograron avances significativos antes del inicio de COVID-19.

Sin embargo, Tom Loveless, observador veterano de las escuelas K-12 y ex director del Centro Brown sobre Política Educativa de la Institución Brookings, advierte contra extraer lecciones demasiado amplias de estos casos. Colectivamente, las escuelas charter y del DoD representan solo alrededor del 8% de los estudiantes K-12 de Estados Unidos, y las familias que inscriben a sus hijos en ellas pueden diferir dramáticamente del público en general.

«Si trabajas para el Departamento de Defensa, tu empleador está dirigiendo la escuela», observó Loveless. «Tu oficial superior puede llamarte y decir: ‘Tu hijo se está portando mal’, y se va a hacer algo al respecto rápidamente». Esta estructura de autoridad y rendición de cuentas no es replicable en la educación pública general.

La Paradoja de la Era de Reforma Educativa

Quizás el aspecto más desmoralizante de esta tendencia es su momento histórico. La explosión de la brecha 90/10 ocurrió precisamente durante un período en que las brechas de rendimiento —ya sean raciales, socioeconómicas o de otro tipo— dominaban el discurso educativo. Educadores, funcionarios electos, expertos en políticas y activistas colocaron las disparidades académicas en el centro de su trabajo durante los años entre finales de los 90 y mediados de la década de 2010.

La aprobación de la ley «No Child Left Behind» (Que Ningún Niño Se Quede Atrás) en 2002 marcó el inicio de la «era de reforma educativa», un período caracterizado por un enfoque intenso en la responsabilidad, las pruebas estandarizadas y la reducción de brechas de rendimiento. Durante una gran parte de este período, los estudiantes de bajo rendimiento sí vieron un progreso significativo.

Pero los años desde 2013 han estado marcados por una reversión pronunciada de esas ganancias. A pesar de toda la retórica sobre equidad educativa, la inversión en programas de intervención y los esfuerzos de reforma escolar, los estudiantes más vulnerables están peor ahora que hace dos décadas.

Implicaciones para el Futuro de la Educación Estadounidense

Futuro de la Educación estadounidense

Las implicaciones de estos hallazgos son profundas y exigen una reflexión seria sobre el estado de la educación pública estadounidense. Como Wolf señala: «Por definición, siempre habrá una brecha entre los estudiantes que se desempeñan en el percentil 90 y los estudiantes que se desempeñan en el percentil 10. Pero no queremos que sea amplia, y no queremos que se esté ampliando».

La creciente brecha 90/10 plantea preguntas fundamentales:

¿Por qué las escuelas públicas no están logrando ayudar a los estudiantes que más necesitan su apoyo? Los datos sugieren que, a pesar de décadas de reformas educativas, el sistema no ha desarrollado estrategias efectivas y sostenibles para elevar el rendimiento de los estudiantes con dificultades.

¿Qué papel juegan los recursos y la financiación? Aunque el estudio controló factores como la raza y el estatus socioeconómico, la persistencia de la brecha sugiere que simplemente invertir más dinero sin cambios sistémicos puede no ser suficiente.

¿Cómo afecta esto la movilidad social? Si las escuelas públicas no están cumpliendo su promesa como igualadoras sociales, ¿qué significa esto para el sueño americano y las oportunidades de los niños de familias de bajos ingresos?

Un Llamado a la Acción

La evidencia es clara: el sistema educativo estadounidense está fallando a millones de estudiantes vulnerables. La brecha 90/10 no es solo una estadística abstracta; representa años de aprendizaje perdido, oportunidades desvanecidas y potencial humano desperdiciado.

Abordar esta crisis requerirá más que retórica o reformas superficiales. Necesitará:

  • Intervención temprana e intensiva para estudiantes que muestran señales de quedarse atrás
  • Recursos dirigidos específicamente a las escuelas y aulas que atienden a las poblaciones más vulnerables
  • Responsabilidad real basada no solo en puntajes promedio, sino en el progreso de todos los estudiantes, especialmente aquellos en el percentil inferior
  • Voluntad política para reconocer y abordar el problema, incluso cuando los datos son incómodos

Como sociedad, Estados Unidos debe decidir si realmente está comprometido con el ideal de la educación pública como el gran igualador, o si está dispuesto a aceptar un sistema de dos niveles donde los estudiantes privilegiados avanzan mientras los más vulnerables se quedan cada vez más atrás. Los datos del estudio de Wolf sugieren que, hasta ahora, el país ha elegido implícitamente lo segundo. Es hora de cambiar ese rumbo.