Más de RD$400 mil millones en deuda: una decisión que deja preguntas y un país expectante

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Economía república Dominicana

Santo Domingo, RD. — La reciente aprobación en el Congreso Nacional de un endeudamiento superior a los RD$400 mil millones ha pasado casi tan rápido como el debate que la rodeó. En pocas horas, el país quedó comprometido con una de las autorizaciones de deuda más elevadas de los últimos años, sin que se ofreciera un desglose claro y detallado de su impacto real en la vida de los ciudadanos.

El proyecto, aprobado por ambas cámaras, autoriza al Poder Ejecutivo a emitir bonos y contratar financiamientos internos y externos para cubrir el déficit del Presupuesto General del Estado. Técnicamente, es un procedimiento legal. Políticamente, es una decisión que vuelve a colocar a la deuda pública en el centro de la conversación nacional.

Una deuda sin rostro ni destino claro

Más allá de las cifras, el punto que más inquieta a diversos sectores es que no se presentó un listado específico de obras o proyectos productivos que justifiquen el peso del endeudamiento. No se habló de hospitales concretos, carreteras identificadas ni programas estructurales de largo plazo.

La deuda, en este caso, parece tener un solo objetivo: hacer que el Estado siga funcionando. Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo puede un país sostener su estabilidad endeudándose para cubrir gastos corrientes?

De acuerdo con datos del Banco Central de la República Dominicana, el crecimiento del gasto público y el peso del servicio de la deuda ya representan una presión constante sobre las finanzas nacionales, limitando la capacidad de inversión futura.

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El costo que no aparece en el presupuesto

La deuda no se siente el día que se aprueba. Se siente después. Se manifiesta cuando una mayor parte del presupuesto se destina al pago de intereses, cuando el margen para políticas sociales se reduce y cuando el ciudadano común enfrenta precios más altos sin entender del todo por qué.

Economistas advierten que, aunque el endeudamiento no implica un aumento inmediato de impuestos, sí condiciona las decisiones fiscales futuras. En otras palabras, el alivio de hoy puede convertirse en la carga de mañana.

Rapidez legislativa y silencio social

Uno de los elementos que más ha llamado la atención es la velocidad con la que la iniciativa fue conocida y aprobada. Mientras en el Congreso se levantaban manos, en la calle dominicana el tema apenas comenzaba a entenderse.

Medios nacionales como Diario Libre han documentado las críticas de legisladores y analistas que cuestionan la falta de discusión profunda y el escaso tiempo de evaluación de una decisión que compromete a generaciones futuras.

Un país que ya paga caro

En un contexto donde el costo de la vida sigue en aumento, la canasta básica se percibe como inalcanzable para muchos hogares y los servicios públicos enfrentan constantes desafíos, la noticia de un nuevo endeudamiento masivo no genera tranquilidad.

No se trata solo de números. Se trata de confianza. Y cada vez que una deuda se aprueba sin explicaciones claras, esa confianza se erosiona un poco más.

La pregunta que queda en el aire

El endeudamiento, por sí solo, no es una condena. Todos los países se endeudan. La diferencia está en cómo se usa el dinero y qué resultados deja.

Hoy, el pueblo dominicano observa, espera y calcula. Porque aunque la deuda se firme en despachos oficiales, su peso siempre termina cayendo sobre la misma espalda: la del ciudadano común.

Y esa es una carga que, una vez más, no viene acompañada de respuestas claras.

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