El «hotel submarino» que está salvando los corales del Caribe

En las costas de La Romana, República Dominicana, existe un hotel muy particular: sus huéspedes son peces, corales y tiburones, y su personal está formado por biólogos marinos y buceadores voluntarios.

Hotel submarino

Se trata de Reserve Resort, una iniciativa que presenta el arrecife como si fuera un complejo turístico, con «habitaciones», «guarderías» y «zonas de bufet», para acercar la realidad de los corales a quienes nunca se han sumergido a verlos.

Detrás de esta idea está Fundemar, la Fundación Dominicana de Estudios Marinos, una organización que hace más de 20 años operaba desde una cabaña de madera y hoy reúne a más de 25 personas entre científicos y voluntarios llegados de todo el mundo.

Su trabajo se ha vuelto urgente: el calentamiento del agua y el blanqueamiento coralino han hecho que la cobertura de coral en la zona caiga entre un 60% y un 65% en los últimos años, un declive que, según sus propios biólogos, no se había visto en dos décadas de monitoreo.

De que trata

El corazón de su labor es el desove coralino, un fenómeno que ocurre una sola vez al año y dura apenas unos minutos: los corales liberan al agua óvulos y esperma en un intento masivo de reproducirse.

Fundemar fue pionera en registrar este proceso de forma sistemática desde 2015, y creó el primer calendario nacional de predicción del desove y el primer laboratorio de fertilización asistida del país.

Esa noche, equipos de buceo colocan redes sobre colonias de coral previamente monitoreadas para capturar los gametos y, después, mezclarlos con muestras de otras zonas y así lograr colonias genéticamente más resistentes.

El proyecto no sería posible sin la alianza con el sector hotelero de la zona, que representa cerca del 18% del PIB dominicano.

Lejos de ser sectores opuestos, turismo y conservación han encontrado en La Romana un modelo de colaboración que muchos consideran único: los hoteles entienden que su negocio depende directamente de la salud de la playa y, por tanto, de los arrecifes que la protegen.

Historias como la de Michael, quien llegó a Fundemar sintiendo pánico al mar y hoy participa activamente en las misiones de restauración, o la de María, una voluntaria mexicana que llegó para dos meses y ya lleva casi una década en la organización, resumen el espíritu del proyecto: solo se protege lo que se ama, y solo se ama lo que se conoce.

Cada larva de coral que logran fertilizar hoy es una apuesta por que, dentro de una década, el arrecife del Caribe siga en pie.

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