Balanzas trucadas en el mercado de santa cruz de la sierra
En un mercado de Santa Cruz, una balanza escondida revela algo más que un error de peso. Revela una injusticia diaria que afecta a quienes compran confiando.

No fue un operativo anunciado ni una inspección planificada con semanas de antelación. Fue una escena cruda, directa y sin adornos: un hombre camina por un mercado de Santa Cruz de la Sierra y, apenas aparece, algunos vendedores reaccionan de inmediato. Guardan, esconden, apartan algo con nerviosismo. No es mercancía ilegal. No es dinero. Son balanzas.
El video, difundido por @medranoOficial, muestra algo que muchos consumidores sospechan desde hace años, pero pocas veces ven con tanta claridad: el engaño cotidiano, silencioso, normalizado. El peso que no pesa. El medio kilo que en realidad son 600 gramos cobrados como 500.
El momento clave: cuando la balanza delata
En las imágenes, una balanza es retirada apresuradamente y escondida. Al encenderla y comprobarla, el resultado es contundente: la diferencia no es mínima ni accidental. Es más de medio kilo. Es dinero que sale del bolsillo del comprador sin que lo note.
La explicación de la vendedora es una que se repite en muchos mercados:
“La balanza se mueve”, “no sirve”, “está descalibrada”.
Pero la pregunta es inevitable y demoledora: si no sirve, ¿por qué se estaba usando para vender carne?
La balanza no estaba guardada por estar dañada. Estaba guardada porque funcionaba exactamente como se necesitaba para engañar.
No es solo una balanza, es un sistema
Este no es un caso aislado ni un error puntual. Lo que muestra el video es algo más profundo: una práctica repetida que se sostiene porque muchas veces no hay fiscalización visible, y cuando la hay, llega tarde.
El problema no es solo técnico. No es una balanza mal calibrada. Es una decisión consciente. Cada gramo de menos, multiplicado por decenas de clientes al día, se convierte en ganancia indebida.
Mientras tanto, del otro lado del mostrador, hay familias que cuentan el dinero, que compran menos carne porque está cara, que hacen rendir el presupuesto al máximo. Para ellos, esos 100 gramos de diferencia sí importan.
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El enojo que se escucha en la voz
El tono de @medranoOficial no es frío ni burocrático. No habla como un informe. Habla como alguien que ve el abuso en tiempo real y no lo acepta.
“No se le engaña a la gente”, repite.
No es solo una frase. Es una línea ética. Porque el mercado no debería ser un lugar donde el consumidor entra en desventaja, donde tiene que desconfiar del peso, del precio y de la palabra del vendedor.
¿Por qué estos videos importan?
Porque rompen la normalidad del abuso. Porque sacan a la luz algo que ocurre a diario sin cámaras. Porque obligan a mirar de frente una realidad incómoda: el engaño pequeño, repetido, constante, que termina siendo grande.
También importan porque generan algo que no siempre existe: vergüenza pública. Y muchas veces, esa vergüenza es más efectiva que una multa.
Más que clausuras: un llamado directo
En el video se advierte que los puestos con balanzas adulteradas pueden ser decomisados y clausurados. Pero el mensaje va más allá del castigo.
Es un llamado a los comerciantes honestos, que también existen, a no permitir que estas prácticas los manchen a todos. Y es un recordatorio para los consumidores: mirar, preguntar, exigir.
Porque cuando el peso no pesa, no es solo una balanza la que está fallando. Es la confianza.
Una escena que no debería repetirse
El mercado es un espacio popular, cercano, cotidiano. Debería ser sinónimo de trato justo. El video de Santa Cruz muestra lo contrario, pero también deja algo claro: cuando alguien mira, pregunta y no se queda callado, el engaño se vuelve visible.
Y una vez que se ve, ya no se puede fingir que no existe.